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martes, 13 de septiembre de 2011

Repudio del pase atrás (por Javier Aguirre)

Por Javier Aguirre


Hace algunas semanas, aquel blooper de Nico Cambiasso ante Quilmes me dejó pensando sobre una jugada que resulta más común que lo que debería: el pase atrás. Es que justo antes del yerro del arquero albo, Hugo Barrientos le había dado la pelota desde el campo rival, en un retroceso de más 40 metros que bien podría ser un (nefasto) récord mundial si es que el Libro Guinness, en lugar de medir pavadas como la medialuna más oblonga del mundo, mensurara cuestiones clave para la humanidad, como por ejemplo, el pase atrás en el fútbol.

El yerro –conceptual– de Hugo, abrió la puerta al yerro –técnico– de Nico.

El pase atrás –una jugada obligatoria en el rugby, prohibida en el básquet y discutible en el fútbol– suele ser defendido con dos argumentos: uno, mantener la pelota en poder del equipo cuando no hay mejor opción de pase; y el otro, dejar que el reloj se consuma, para defender el resultado privando al rival de la posesión de la pelota.

Sin embargo, el pase atrás implica, necesariamente, aceptar ciertos perjuicios inevitables y conceptuales para el equipo.

El primer perjuicio inevitable y conceptual es el más obvio: la pérdida de metros.

Es cierto que “en la vida, para ganar, primero hay que invertir”, como decía Aníbal, el personaje de Juan Carlos Calabró (un saludo a los hinchas de Villa Dálmine, Atlético Campana, o como carajos se llame hoy el club violeta). Dicho en términos futbolísticos; perder metros en una jugada puntual, podría redundar en beneficios mayores en la jugada siguiente. Pero aquí el problema es el verbo en potencial: lo único seguro es que el pase atrás lleva el peligro más cerca del arco propio, que del arco del rival.

El segundo perjuicio inevitable y conceptual es más antipático: el traspaso del problema a un compañero que suele ser menos hábil que el jugador que da el pase.

Esto es delicado, ya que si un “10 talentoso que la lleva atada” de pronto se encuentra asfixiado por la marca rival, y decide darle un pase atrás a un “5 que tiene tres pulmones”, resulta evidente que, después del pase, la pelota estará en manos (bueno, en pies) menos confiables que antes del pase. Si ese mismo “5 que tiene tres pulmones”, a su vez, ensaya otro pase atrás para dársela a un “2 aguerrido pero tosco”, el riesgo de perder esa pelota es todavía vez mayor. Ni hablar si ese “2 aguerrido pero tosco” ahora hace otro pase atrás, pero para entregar la bocha al “1 que con las manos sí, pero con los pies no tanto”...

Que no se enojen Nico, prócer del Álbum Blanco, ni tampoco el warrior Barrientos, cuya saña feroz a la hora de defender el mediocampo del Albo a lo largo de todo el torneo no puedo sino agradecer. Que no se enoje ningún arquero, ni ningún 2, ni ningún 5; pero si el equipo logró que la pelota llegue hasta nuestro 10, lo ideal sería terminar la jugada con un tiro al arco. Al arco rival, claro.


Le agradecemos a Javier por dejarnos publicar textos de su muy buen blog “Album Blanco, diario de un hincha de All Boys”
Link a la publicación original: http://albumblancodiariodeunhinchadeallboys.blogspot.com/2010/12/repudio-del-pase-atras.html

domingo, 18 de julio de 2010

Adiós al Pulpo Paul (por Javier Aguirre)

El impasse "Gambeteador" fue bastante largo. El Mundial nos absorvió y nos llenó de ilusiones a las que, ahora, hay que poner en stand by. Desde acá bancamos a Diego y a todo el plantel y queremos la revancha, porque ésta selección nos despertó un sentimiento y unas ganas de ver fútbol en celeste y blanco que estaban algo apagados en los últimos años.
Queremos despedir el Mundial, despidiendo al "célebre" pulpo Paul, el que demostró saber más de fútbol que Niembro, Pasman y el Colorado Liberman aunque, ahora que lo pensamos bien, no sabemos si es tanto mérito.
La despedida es con una columna de Javier Aguirre, periodista y músico que escribe para "Página 12" y Revista "Barcelona", y además tiene un blog dedicado a All Boys, "Álbum Blanco, diario de un hincha de All Boys". Esperamos que la disfruten.

Por Javier Aguirre

Igual, todo bien, pero –salvo en España– Sudáfrica 2010 ya es un cadáver putrefacto. Y el gran derrotado de la Copa del Mundo resultó el marketing anti-animalista. O sea, el de los organizadores, que prefirieron que la comunicación del torneo destacara el capital humano sudafricano y no la notable fauna del país. Y así como en las ceremonias de apertura y cierre del Mundial fueron ninguneados “los Cinco Grandes” (que en Sudáfrica no son River, Boca, San Lorenzo, Racing e Independiente, sino el león, el leopardo, el búfalo, el rinoceronte y el elefante), la fauna siempre se abre camino, como decían en Jurassic Park. Y quien terminó vengando la mordaza que sufrieron los animales sudafricanos durante el Mundial fue otro animal: el pulpo pronosticador. Es cierto que, al lado de algunos de los que opinan sobre fútbol por TV, cualquier molusco cefalópodo puede resultar más certero, informado e inspirado a la hora de analizar partidos. Pero, ¿cómo confiar en que un ser que tiene ocho brazos vaya a apuntar siempre hacia el lugar correcto?

El web-pop oportunista se movió rápido, y así como apenas horas después de la final de Alemania ‘06 ya rotaba la canción Coup de Boule (que tributaba el cabezazo de Zinedine Zidane al esternón de Marco Materazzi), ahora circula la lamentable The Octopus Song, obra de Parry Gripp (líder de los punks jocosos californianos Nerf Herder). Es que mucho antes que el fútbol, la música ha sabido valorar a los pulpos, tanto para apodar bateristas (un saludo al Pulpo Montello, batería de Los Umbanda), como también para bautizar bandas (como los grunge-under-bonaerenses de Pulpo; o como los Mamá Pulpa, que tributan la frase “¡Ay, mamá Pulpa!”, del dibujito animado Manotas), discos (como El sueño del Hombre Pulpo, de Mataplantas; Red Octopus, de Jefferson Starship; u Octopus, de The Human League) y canciones (Octopus Garden, el máximo hit beatle de Ringo Starr; Octopus, de Syd Barrett; El pulpo, de los under locales Presos de Estilo).

Con este antecedente de bestias que se adueñan de la fiesta del fútbol (nada que ver con la presunta animalidad de los más rústicos defensores), es de esperar que en Brasil 2014 la fauna amazónica cope la parada. ¿Mediocampistas que marcan como pirañas? ¿Monos aulladores en reemplazo de vuvuzelas? ¿Vestuarios en los que cuelguen intimidantes anacondas? ¿Pericos cantando Eu vi chegar? Todos ellos jugarán para el local, claro. Y para cualquier selección que no use colores verde y amarillo, será improbable quedarse con la Copa en Brasil. Más duro aún será para la Selección Argentina: aceptémoslo, tener una rivalidad futbolera justamente con Brasil es como intentar componer más hits fiesteros que Los Auténticos Decadentes, o como librar una guerra de escupidas con fans de los Sex Pistols (en comparación con ese trágico destino futbolístico argentino, la tienen más fácil en Uzbekistán, cuyo derby debe ser con Kazajstán; o en Bosnia, cuyo rival “del barrio” debe ser... ¿Herzegovina?). Pero hay que tener confianza: quizás el pulpo señale un nuevo Maracanazo (Pulpazo) y los brasileños terminen queriendo cortarse los tentáculos. De cualquier manera, a sabiendas de que el pulpo Paul no estará en el próximo Mundial, el NO despide a Bolas Negras, pero ya mira de reojo a los Ovos Verdeamarelhos.


Esta columna fue publicada originalmente en el Suplemento NO del diario Página 12.
Le agradecemos al autor la posibilidad de publicarla en Gambeteando Palabras.
Link completo a la nota:
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/no/12-4841-2010-07-15.html