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martes, 14 de junio de 2011

Homenaje a Martín Palermo (por Juan Sasturain y Juan José Panno)


Después de la emoción que vivimos el domingo los hinchas de Boca (aunque creo que debe haber rodado también algun lagrimón por una mejilla no-xeneize que sepa algo de fútbol, de la vida y del amor por algunos jugadores épicos) nos encontramos el lunes en el diario Página 12, con dos hermosos textos sobre Martín Palermo, el Titán, el Loco, el Optimista del gol. Uno de Juan Sasturain y otro de Juan José Panno, dos grandes en esto de cruzar pelota y libro, fútbol y literatura.
Los subimos acá, a "Gambeteando...", para que nuestros lectores puedan disfrutar y emocionarse tanto o más que nosotros. ¡Que los disfruten!


El cubo de Palermo

Por Juan Sasturain

Aunque parezca el título de una novela de Umberto Eco, no lo es. El cubo de Palermo es apenas (o nada menos que) el intento de descripción de una forma euclidiana, un cuerpo geométrico ideal, un imaginario paralelepípedo regular (así se dice), un dado descomunal y transparente, un cubo hecho de aire y vértigo, espacio puro de tormenta (diría De Santis): el hábitat natural y de caza, el monoambiente móvil, el espacio vital y mortal, el microclima ominoso, the moveable jail dentro de la cual se movió siempre Martín Palermo –animal, fiera noble y persistente, depredador natural, genuino (de genes) nueve de área– durante todos los años de sus tantas campañas.

Lo de campañas suena bien –mucho mejor que carrera o trayectoria– para Martín, el Campeador. Porque hay todo tipo de goleadores: explosivos, aparatosos y calientes, fríos como cirujanos, ocasionales, solapados, incluso furtivos cazadores de sobras y rebotes, minimalistas... Martín es el goleador franco, alevoso, ostensible, frontal y de referencia, el goleador campante. En él, la vocación es (en términos lógicos) anterior al oficio, y lo sostiene, le da ese plus indefinible. Quiero decir: la disposición, la actitud sostenida precede al desarrollo de la aptitud creciente. Y pareciera que la vocación primera no es jugar al fútbol sino hacer goles. Contemporáneamente, y en otro registro de jugador, sólo en Batistuta se da una condición tan radical y definitiva.

Pero, volviendo al cubo, creo que uno de los secretos de la eficacia de Martín a lo largo de tantos años (con picos de excelencia lejanos en el tiempo, pero que no obstante le han permitido mantenerse vigente hasta ahora en este fútbol nuestro), uno de los secretos –digo, y no descubro nada nuevo– ha sido su capacidad (actitud + aptitud) para ofrecerse como potencial receptor, amplio y generoso, sobre todo para el envío aéreo, de sus ocasionales compañeros.

Quiero decir: cuando alguien apto para la habilitación –fuera el Mellizo, Román o Rodrigo en los últimos años– tenía como referencia a Martín en el área, más precisamente “en la Troya”, que le dicen; ya viniera por derecha o por izquierda para tirar centro atrás rasante o pasado a la carrera; ya lo buscase con tiro libre frontal o habilitación vertical en ataque o contragolpe; cualquiera de esos compañeros sabía, sentía, que el Titán no necesitaba la pelota milimétrica en la cabeza o en el pie zurdo. No: bastaba la mínima aproximación.

La experiencia indica que, en sus mejores momentos, el área de recepción útil de Palermo (el espacio en que cada pelota que le llegaba él podía convertir en aprovechable oportunidad de gol) era, aproximadamente, un cubo de algo más de tres metros de lado: entre 27 y 30 metros cúbicos de corazón de área, con él en el centro. Si la pelota enviada por el compañero caía en algún punto de ese cubo imaginario que solía coincidir con el punto del penal o sus inmediatos alrededores, Martín la alcanzaría, le daría, la desviaría hacia el arco y acaso a la red. De cualquier manera.

Por abajo, por arriba, de lleno o pifiado, con la frente, con el parietal derecho, con el izquierdo, con la coronilla, con la rodilla, estirando el pie, con el pecho o el hombro, zambulléndose con las muelas, de taco, con extraña chilena, con una tijera fuera de los libros, de volea de derecha, de izquierda, de puntazo y de puntín, con los dos pies a la vez, colgándose del travesaño, con el culo, con el tobillo, con la cara, con la oreja y el hombro... Y eso, solo o acompañado: no importó nunca si había otros habitantes ocasionales –marcadores, arquero, compañeros– dentro de su cubo de influencia. El iba. Y llegaba, solía llegar. Siempre.

En los últimos tiempos, la precisión y oportunidad de los proveedores de buenas pelotas aprovechables –incluso por él– escaseó a su alrededor y, en general, en su deslucido equipo. En el mismo sentido, es probable que con los años el cubo virtual haya ido disminuyendo en su tamaño. Es evidente que no llegaba tan lejos ni tantas veces a conectar lo que le tiraban. Sin embargo, Martín siempre fue. A eso se refería Bianchi al definirlo como un “optimista del gol”: nunca calculó el porcentaje de posibilidades que tenía de llegar antes de ir.

Eso lo ha hecho un jugador inclasificable (mucho más inteligente que hábil; más serio que loco) y un goleador único, sostenido por una fortaleza física y mental a toda prueba.

Grande, Martín.

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Goleador serial

Por Juan José Panno

Modus operandi eficiente
ataque directo al objetivo
sin vueltas, sin rodeos, sin piedad
ojos bien abiertos, tronco erguido
y el impacto certero y contundente.

Paloma, taco, volea, media vuelta
frentazo, nuca, chilena, parietal
derecha, zurda, tobillo, de revés
usó armas de todos los calibres
y hasta clavó un penal con los dos pies.

El hilo conductor de su campaña
son los blancos piolines de la red;
tejió con cada uno mil hazañas
que quedan para siempre en el recuerdo
y el tiempo ya se encarga de agrandar.

El gol que le hizo a River en muletas
amagando a defensores azorados
con torpes movimientos de ballet
y un toque sutil hacia la red,
no va ser muy fácil de olvidar.

Y el de Vélez, en el arco del Riachuelo,
¿qué demente lo podía imaginar?
Un testazo desde mil quinientos metros
sólo concebible en la increíble
cabezota de un gran cabeceador.

El número preciso de los goles,
las tablas y cualquier comparación
son apenas cuestiones secundarias.
Lo que vale es la marca y el ejemplo
de lo que puede lograrse con pasión.

Tipo recto de la más noble madera
en sentido directo o transversal.
Ilustre loco, goleador de raza pura,
el fútbol lo saluda emocionado
los arqueros contrarios más que más.


Link al texto de Juan Sasturain publicado en la contratapa de Página 12: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/index-2011-06-13.html

Link al texto de Juan José Panno publicado en el suplemento Líbero de Página 12: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/libero/subnotas/6062-3185-2011-06-13.html

martes, 7 de diciembre de 2010

Tribuna popular (por Juan José Panno)

Por Juan José Panno

El partido de gala que se disputaba en el Gran Estadio era tan malo, pero tan malo que los espectadores se empezaron a asomar a los murallones de las graderías para espiar desde ahí el encuentro improvisado que estaban jugando hijos y sobrinos de los profesionales en un campo lindero. Su Majestad, presente en el Gran Estadio, fue notificada de lo que estaba ocurriendo y tomó inmediatamente una medida demagógica de esas a la que ya tenía acostumbrada a la población: mandó traer a los jóvenes al Gran Estadio y ordenó que los cracks pasasen castigados a la cancha auxiliar. La plebe celebró alborozada la novedad, pero diez minutos más tarde todos desdeñaron lo que estaba ocurriendo en el Gran Estadio y empezaron a mirar el partido, abierto y divertido que jugaban los profesionales en el campo contiguo.

Este texto fue extraído de la muy buena página web Cuentos y más http://www.cuentosymas.com.ar/

lunes, 7 de septiembre de 2009

Sueños

Por Juan José Panno


El sábado a la noche el delantero soñó que en el partido del día siguiente ejecutaba un penal y era gol porque amagaba y disparaba a la izquierda del arquero que se iba, engañado, hacia su derecha.
El domingo, el árbitro cobró un penal para su equipo y el delantero, que tenía muy presente el sueño, amagó a la derecha y le dio hacia la izquierda del arquero, casi con displicencia, respondiendo a la premonición.
El arquero, que se había volcado justamente hacia su izquierda, no tuvo que hacer mucho esfuerzo para detener la pelota.
El delantero se quedó estático, azorado. La perturbación se multiplicó cuando el arquero, al pasar a su lado, mientras sacaba la pelota le dijo en tono canchero: “los sábados a la noche me tiro a la derecha, los domingos a la tarde, no”.

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lunes, 6 de julio de 2009

Código



Por Juan José Panno

El arquero dijo que son cosas del fútbol, pero pensó que la culpa la tuvo el dos que no encimó al nueve de los contrarios; el dos dijo que no hay que dramatizar pero pensó que la culpa de la dramática derrota la tuvo el seis que no saltó a cabecear en los centros; el seis dijo que no hay que andar buscando culpables, pero pensó que la culpa la tuvo el tres que no apretó al wing derecho de los contrarios; el tres dijo que no pasó nada, pero pensó que lo que pasó, pasó porque el cuatro le dejó tirar un montón de centros al que llegaba por la izquierda; el ocho dijo que un tropezón no es caída pero pensó que la culpa de la caída estrepitosa la tuvo el cinco que se iba arriba y dejaba huecos a sus espaldas; el cinco dijo que fue un partido raro pero pensó que no sería raro que siguieran perdiendo si el diez continuaba con sus pisadas caprichosas; el diez dijo que lo bueno fue que tuvieron algunas situaciones de gol, pero pensó que la culpa la tuvo el nueve que no aprovechó ni una sola de las situaciones de gol que tuvo; el nueve dijo que está todo bien pero pensó que todo iba a seguir estando mal si continuaba jugando el siete; el siete dijo que la hinchada tenía que ser paciente, pero pensó que la paciencia se la había agotado viendo como el once se metía siempre en offside; el once dijo que había que tomar la derrota sin desesperarse, pero pensó que era desesperante ver que el arquero no tiene manos y el arquero repitió: son cosas del fútbol.

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jueves, 12 de marzo de 2009

Piel de Judas

Por Juan José Panno

Rajá pa dentro, rajá para dentro te digo, que te voy a arrancar la cabeza, te miraste como tenés las rodillas desgraciumana, me vas a volver loca, vos querés que me vuelva loca, que me internen en un manicomio querés, decí, decí la verad, callate la boca y andá a lavarte, mirá esas manos, vení para acá, vení para acá, mirate esos tobillos, ayyyy, el soponcio me agarra el soponcio, el hígado, ahora vas a ver cuando vuelva tu padre, porque con tu padre no jodés, claro, para eso está la señora, la sirvienta que te tiene que planchar la ropa, preparar la comida y vos en lo único que pensás es en jugar a la pelota con esa manga de atorrantes, te voy a mataaaar, un día se me va a terminar la paciencia y te voy a pegar una paliza que no te vas a olvidar en tu vida, eso querés ¿no?, tiene razón la Pocha, a ustedes hay que tenerlos cortitos, porque una les da el codo y se agarran todo el brazo, te dije media hora y mirá la hora que es, no me comés, no me hacés los deberes y encima te pasás toda la tarde con esa pelota de porquería, nooo, pero ya vas a ver cuando vuelva tu padre. ¿Sabés que sos vos? Sos la piel de Judas, la peste bubónica sos, callate la boca, chito, chito eh, anda a lavarte, vení para acá, ¿te viste las zapatillas?, noooo que te vas a mirar vos si lo único que te importa es jugar a la pelota con los desgraciados esos, meta pelota y pelota todo el día y a mí que me parta un rayo ¿te vas a ir a lavar o no te vas a ir a lavar? ¡esas rodillas! percudidas las tenés, per-cu-di-das, te vas a tener que lavar con acaroina, ayyy, tu hermano no era así, ah nooo, el Carlitos es una monada, nunca me llamaron del colegio para decirme nada, nunca una palabra de más, un niño prodigio el Carlitos, no como vos, pedazo de bestia, machona de porquería, tendrías que haber sido varón vos, siempre lo dije.


Este muy buen cuento fue publicado originalmente en "Corazón y pases fuertes" de Editorial Colihue.
Y fue tomado de la excelente página web "Cuentos y más"
Le agradecemos al autor la autorización para ser publicado en nuestro blog.

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