lunes, 27 de junio de 2011

Concurso de Cortos "El fútbol y otras pasiones argentinas"



Concurso de Cortos ´El Fútbol y otras Pasiones Argentinas´ organizado por el INCAA y ´Fútbol para Todos´

Desde el 1.º de junio hasta el 12 de julio, se encuentra abierta la inscripción para participar en el Concurso Nacional de Cortos “El Fútbol y otras Pasiones Argentinas”, a partir del cual se seleccionarán piezas audiovisuales para ser exhibidas durante las transmisiones del torneo apertura 2011.

La iniciativa del certamen es de la Secretaría de Comunicación Pública, el programa “Fútbol para Todos”, el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), la Secretaría de Deporte y el Ministerio de Educación.

La convocatoria está abierta a los alumnos de las escuelas primarias, secundarias y universidades, estudiantes de cine, profesionales y todas aquellas personas que, desde su lugar, tengan algo para contar, indica un comunicado del INCAA.

El jurado está integrado entre otros especialistas por el Secretario de Comunicación Pública, Juan Manuel Abal Medina; los periodistas Víctor Hugo Morales y Julio Ricardo; el Secretario de Deportes, Claudio Morresi; el ex futbolista y actual comentarista Roberto Perfumo y el cineasta Carlos Sorín.

Se elegirán 60 obras (10 por cada región) que serán exhibidas durante las transmisiones de los partidos de Fútbol para Todos, informó el INCAA.

Las piezas serán recibidas por este instituto entre del 1 de junio al 12 de julio y los cortos seleccionados de todo el país se verán en las transmisiones de "Futbol para Todos".

El concurso tiene como objetivo "promover la cultura e incentivar la producción audiovisual, reflejando la diversidad de aquello que define y caracteriza a los argentinos" y está organizado "con orientación federal, premiando piezas representantes de todas las regiones del país".

Los informes, bases y condiciones se pueden consultar en www.incaa.gov.ar

Fuente: Telam
Más información: www.telam.com.ar

martes, 14 de junio de 2011

Homenaje a Martín Palermo (por Juan Sasturain y Juan José Panno)


Después de la emoción que vivimos el domingo los hinchas de Boca (aunque creo que debe haber rodado también algun lagrimón por una mejilla no-xeneize que sepa algo de fútbol, de la vida y del amor por algunos jugadores épicos) nos encontramos el lunes en el diario Página 12, con dos hermosos textos sobre Martín Palermo, el Titán, el Loco, el Optimista del gol. Uno de Juan Sasturain y otro de Juan José Panno, dos grandes en esto de cruzar pelota y libro, fútbol y literatura.
Los subimos acá, a "Gambeteando...", para que nuestros lectores puedan disfrutar y emocionarse tanto o más que nosotros. ¡Que los disfruten!


El cubo de Palermo

Por Juan Sasturain

Aunque parezca el título de una novela de Umberto Eco, no lo es. El cubo de Palermo es apenas (o nada menos que) el intento de descripción de una forma euclidiana, un cuerpo geométrico ideal, un imaginario paralelepípedo regular (así se dice), un dado descomunal y transparente, un cubo hecho de aire y vértigo, espacio puro de tormenta (diría De Santis): el hábitat natural y de caza, el monoambiente móvil, el espacio vital y mortal, el microclima ominoso, the moveable jail dentro de la cual se movió siempre Martín Palermo –animal, fiera noble y persistente, depredador natural, genuino (de genes) nueve de área– durante todos los años de sus tantas campañas.

Lo de campañas suena bien –mucho mejor que carrera o trayectoria– para Martín, el Campeador. Porque hay todo tipo de goleadores: explosivos, aparatosos y calientes, fríos como cirujanos, ocasionales, solapados, incluso furtivos cazadores de sobras y rebotes, minimalistas... Martín es el goleador franco, alevoso, ostensible, frontal y de referencia, el goleador campante. En él, la vocación es (en términos lógicos) anterior al oficio, y lo sostiene, le da ese plus indefinible. Quiero decir: la disposición, la actitud sostenida precede al desarrollo de la aptitud creciente. Y pareciera que la vocación primera no es jugar al fútbol sino hacer goles. Contemporáneamente, y en otro registro de jugador, sólo en Batistuta se da una condición tan radical y definitiva.

Pero, volviendo al cubo, creo que uno de los secretos de la eficacia de Martín a lo largo de tantos años (con picos de excelencia lejanos en el tiempo, pero que no obstante le han permitido mantenerse vigente hasta ahora en este fútbol nuestro), uno de los secretos –digo, y no descubro nada nuevo– ha sido su capacidad (actitud + aptitud) para ofrecerse como potencial receptor, amplio y generoso, sobre todo para el envío aéreo, de sus ocasionales compañeros.

Quiero decir: cuando alguien apto para la habilitación –fuera el Mellizo, Román o Rodrigo en los últimos años– tenía como referencia a Martín en el área, más precisamente “en la Troya”, que le dicen; ya viniera por derecha o por izquierda para tirar centro atrás rasante o pasado a la carrera; ya lo buscase con tiro libre frontal o habilitación vertical en ataque o contragolpe; cualquiera de esos compañeros sabía, sentía, que el Titán no necesitaba la pelota milimétrica en la cabeza o en el pie zurdo. No: bastaba la mínima aproximación.

La experiencia indica que, en sus mejores momentos, el área de recepción útil de Palermo (el espacio en que cada pelota que le llegaba él podía convertir en aprovechable oportunidad de gol) era, aproximadamente, un cubo de algo más de tres metros de lado: entre 27 y 30 metros cúbicos de corazón de área, con él en el centro. Si la pelota enviada por el compañero caía en algún punto de ese cubo imaginario que solía coincidir con el punto del penal o sus inmediatos alrededores, Martín la alcanzaría, le daría, la desviaría hacia el arco y acaso a la red. De cualquier manera.

Por abajo, por arriba, de lleno o pifiado, con la frente, con el parietal derecho, con el izquierdo, con la coronilla, con la rodilla, estirando el pie, con el pecho o el hombro, zambulléndose con las muelas, de taco, con extraña chilena, con una tijera fuera de los libros, de volea de derecha, de izquierda, de puntazo y de puntín, con los dos pies a la vez, colgándose del travesaño, con el culo, con el tobillo, con la cara, con la oreja y el hombro... Y eso, solo o acompañado: no importó nunca si había otros habitantes ocasionales –marcadores, arquero, compañeros– dentro de su cubo de influencia. El iba. Y llegaba, solía llegar. Siempre.

En los últimos tiempos, la precisión y oportunidad de los proveedores de buenas pelotas aprovechables –incluso por él– escaseó a su alrededor y, en general, en su deslucido equipo. En el mismo sentido, es probable que con los años el cubo virtual haya ido disminuyendo en su tamaño. Es evidente que no llegaba tan lejos ni tantas veces a conectar lo que le tiraban. Sin embargo, Martín siempre fue. A eso se refería Bianchi al definirlo como un “optimista del gol”: nunca calculó el porcentaje de posibilidades que tenía de llegar antes de ir.

Eso lo ha hecho un jugador inclasificable (mucho más inteligente que hábil; más serio que loco) y un goleador único, sostenido por una fortaleza física y mental a toda prueba.

Grande, Martín.

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Goleador serial

Por Juan José Panno

Modus operandi eficiente
ataque directo al objetivo
sin vueltas, sin rodeos, sin piedad
ojos bien abiertos, tronco erguido
y el impacto certero y contundente.

Paloma, taco, volea, media vuelta
frentazo, nuca, chilena, parietal
derecha, zurda, tobillo, de revés
usó armas de todos los calibres
y hasta clavó un penal con los dos pies.

El hilo conductor de su campaña
son los blancos piolines de la red;
tejió con cada uno mil hazañas
que quedan para siempre en el recuerdo
y el tiempo ya se encarga de agrandar.

El gol que le hizo a River en muletas
amagando a defensores azorados
con torpes movimientos de ballet
y un toque sutil hacia la red,
no va ser muy fácil de olvidar.

Y el de Vélez, en el arco del Riachuelo,
¿qué demente lo podía imaginar?
Un testazo desde mil quinientos metros
sólo concebible en la increíble
cabezota de un gran cabeceador.

El número preciso de los goles,
las tablas y cualquier comparación
son apenas cuestiones secundarias.
Lo que vale es la marca y el ejemplo
de lo que puede lograrse con pasión.

Tipo recto de la más noble madera
en sentido directo o transversal.
Ilustre loco, goleador de raza pura,
el fútbol lo saluda emocionado
los arqueros contrarios más que más.


Link al texto de Juan Sasturain publicado en la contratapa de Página 12: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/index-2011-06-13.html

Link al texto de Juan José Panno publicado en el suplemento Líbero de Página 12: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/libero/subnotas/6062-3185-2011-06-13.html

martes, 7 de junio de 2011

Santi chiquito (por Sonia Figueras)

Por Sonia Figueras

El agua mojaba el césped de tal forma que terminó en un lodazal.
Todos los dìas a la hora del entrenamiento Santiago miraba el charco sin límites en que se convertìa la cancha y hacía lo posible por no resbalar, no caer. Le iba en ello la vida. Con un poco de suerte serìa el próximo candidato del técnico para hacer su entradita en primera.
Rogaba que parara el agua o que no lo convocara ese día.
Santiago, San chiquito, como lo llamaba el abuelo desde siempre, desde que a los dos años le puso la camiseta de Boca, desde que lo llevaba al campito a patear...Entrà...asì, asì, meté la pelota. El abuelo Pepe, en los huecos de su vida se ocupaba y soñaba con ese chico.
Como casi todos los pibes a los cinco, a la pregunta ¿ què vas a hacer cuando seas grande?, doctor, decìa y rápido, en un soplo agregaba o jugador de primera como el Diego.
Y seguìa yendo al campito con el abuelo hasta que recaló de la mano...del abuelo en el club del barrio, semillero de estrellas.
Ascendìa de categorìa con la mirada del abu en la nuca, tal la mirada de exigencia como el oyente del gallinero del Colón, en velada de ópera, allì donde se marcan con rigor maestro, fielmente las notas y los silencios..
Ahora era octubre, como casi todos los malditos octubres, maldecìa, llovía, bajo la mirada compasiva de la abuela Delia que ojeaba desde el cuadro de la pared del comedor. La abu no estaba pero él sentía en su oreja el aliento tibio de ella que le susurraba... dale Santi chiquito, yo sé que vas a jugar en primera. Pero la abuela Delia estaba muerta. Él confiaba que desde algún agujerito entre las nubes, ¿ no era que los que se mueren iban al cielo?, le daba un empujoncito.
Cuando el técnico armó el equipo para la siguiente fecha, siempre con lluvia, lo llamó aparte. - Santiago, ésta es la tuya, el domingo te pongo un rato, entrás los últimos 10. Ya sabés pibe que esta camiseta no se la pone cualquiera.
Al muchacho le recorrió por el cuerpo un tumulto loco...el abuelo Pepe con sus ojos de abisinio no lo perdería de vista, el calor de la abu con su dale San chiquito, su viejo con aparente indiferencia aunque rebullera por dentro y seguro que la vieja no soltaría la medallita de la cadena que llevaba al cuello, todos estarían con él.
Llegó el domingo. Con cuidado, se puso la camiseta como si fuera de tul o gasa, el pantaloncito le acarició los muslos de piedra, las medias cantaron una canción de cuna al deslizarse por sus caños como en el palo enjabonado, los botines lustrosos al charol. Se paró como cuando en 7º le dieron la medalla al mejor compañero, escolta de bandera, con el corazón al galope peleando con el rubor y las lágrimas. En la foto estaba. Serio, tacurú en el camino.
Desde el banco siguió el partido. Cinco tiros de esquina a favor, dos tiros libres que se perdieron por ahí y dos atajadas del arquero que resultaba imbatible. Ni un gol. Por la derecha no podìan entrar, mucha marca, por la izquierda llegaban y nada.
Faltaban 10 minutos. El técnico lo palmeó. – Entrá Santiago, armá a la izquierda.
Dos flexiones, besó el pasto y entró a correr. Se desmarcaba, avanzaba locomotora controlada, se metió por la izquierda, metió el centro, se la volvió el turco, la paró con el pecho, levantó la vista y en un giro espacial con todo el efecto del mundo, pateó y la clavó en el ángulo del segundo palo.
La tribuna vibró.
Santiago no supo cómo un sablazo de fuego le dio en la rodilla. Cayó como en oración.
Santi chiquito no pudo jugar más al futbol.

martes, 24 de mayo de 2011

El director técnico (por Eduardo Galeano)

Por Eduardo Galeano


Antes existía el entrenador, y nadie le prestaba mayor atención. El entrenador murió, calladito la boca, cuando el juego dejó de ser juego y el fútbol profesional necesitó una tecnocracia del orden. Entonces nació el director técnico, con la misión de evitar la improvisación, controlar la libertad y elevar al máximo el rendimiento de los jugadores, obligados a convertirse en disciplinados atletas.
El entrenador decía:
Vamos a jugar.
El técnico dice:
Vamos a trabajar.
Ahora se habla en números. El viaje desde la osadía hacia el miedo, historia del fútbol en el siglo veinte, es un tránsito desde el 2-3-5 hacia el 5-4-1. pasando por el 4-3-3 y el 4-4-2. Cualquier profano es capaz de traducir eso, con un poco de ayuda, pero después, no hay quien pueda. A partir de allí, el director técnico desarrolla fórmulas misteriosas como la sagrada concepción de Jesús, y con ellas elabora esquemas tácticos más indescifrables que la Santísima Trinidad.
Del viejo pizarrón a las pantallas electrónicas; ahora las jugadas magistrales se dibujan en una computadora y se enseñan en video. Esas perfecciones rara vez se ven, después, en los partidos que la televisión transmite. Más bien la televisión se complace exhibiendo la crispación en el rostro del técnico, y lo muestra mordiéndose los puños o gritando orientaciones que darían vuelta al partido si alguien pudiera entenderlas.
Los periodistas lo acribillan en la conferencia de prensa, cuando el encuentro termina. El técnico jamás cuenta el secreto de sus victorias, aunque formula admirables explicaciones de sus derrotas:
Las instrucciones eran claras, pero no fueron escuchadas, dice, cuando el equipo pierde por goleada ante un cuadrito de morondanga. O ratifica la confianza en sí mismo, hablando en tercera persona más o menos así: «Los reveses sufridos no empañan la conquista de una
claridad conceptual que el técnico ha caracterizado como una síntesis de muchos sacrificios necesarios para llegar a la eficacia».
La maquinaria del espectáculo tritura todo, todo dura poco, y el director técnico es tan desechable como cualquier otro producto de la sociedad de consumo. Hoy el público le grita:
¡No te mueras nunca!
Y el Domingo que viene lo invita a morirse.
El cree que el futbol es una ciencia y la cancha un laboratorio, pero los dirigentes y la hinchada no sólo le exigen la genialidad de Einstein y la sutileza de Freud, sino también la capacidad milagrera de la Virgen de Lourdes y el aguante de Gandhi.

Este texto pertenece al excelente libro "El fútbol a sol y sombra"

martes, 17 de mayo de 2011

Fútbol para todos (por Esteban Silva)

Por Esteban Silva

En mi vida, salí dos veces campeón de fútbol. Una en la secundaria en un torneo de futbol cinco. Otra, con veintitrés años, en un torneo inter-fabricas en Japón. Tuve la suerte en ambas ocasiones de verme rodeado de los artífices necesarios para lograr tales hazañas. En mi condición de pica-piedras, lo único que podía aportar al equipo era sacrificio. Mi posición a tal efecto era la de nueve “pescador”, a la espera de la resolución de una jugada. Una infancia dedicada a juegos mecánicos, cine e intercambios grupales con compañeras de grado, redundó en un bajo rendimiento con la redonda. Ya en la temprana edad de doce años, mi escaso curriculum futbolístico colisionó con la escuela secundaria para varones de San Rafael. Acostumbrados a torneos escolares parroquiales y campamentos, me llevaban años de distancia en las lides de la esférica. A pesar de ello, participaba de todo picado que se organizase. Dicha práctica, no me aportó ninguna dote de habilidad. Con el tiempo, lo que sí fui logrando es cierta ubicuidad en el terreno. Un poco por desmarcamiento, otro poco por mis escasas atribuciones, hacían que mi posición dentro del campo resultase inofensiva. Los habilidosos, más dedicados a mostrar las virtudes de una gambeta individual, poco aportaban al orden colectivo. Y en muchos casos la sumatoria de habilidosos no era condición de superioridad en un torneo. Eso quedó demostrado en el campeonato de los sábados contándome a mí como participante. Mi equipo, era un rejuntado de pataduras con más ímpetu que nociones del buen fútbol. Pero la determinación, sumada al sacrificio a veces rinde sus frutos. Máxime en un campo de estrechas dimensiones como el del colegio. En una ocasión, recuerdo haber pateado al arco simultáneamente con un jugador de mi equipo. Tal era el desorden, que parecíamos un enjambre de abejas atrás de la pelota. El final del campeonato arrojo la cifra de dieciséis goles para Ferrara ( el goleador principal ), y la nada despreciable cifra de diez goles en mi haber. Con el tiempo compañeros de curso acuñaron el apodo de “goleador”, no sin sorna claro, refiriéndose más a mi vocación del área, que a las condiciones intrínsecas de mi juego. Para mí este era más un juego de estrategia, de pases al hombre libre, y de ir avanzando hasta encontrar la posición favorable de rematar al arco. Una vez frente a el, el destino inevitable era el puntín de mi botín derecho, para asegurar la jugada, y de prescindir de toda puntería o efecto. De cabeza, poco y nada. Solo recuerdo una vez en el ateneo que un compañero de defensa metió un pase-gol con tanta exactitud, que la pelota picó en mi cabeza y superó al arquero. Creo que en la posición de nueve hay que tener culo también. Es necesario la cuota de suerte necesaria para que la carambola de la pelota disputada, caiga en los pies nuestros, o en la red rival. Los palos también aportan lo suyo. Cuantas veces vemos el ensañamiento de una pelota al estrellarse indefinidamente en estas barreras del gol. Así vemos pasar indefinidamente nuestras posibilidades, a sabiendas que “ los goles errados se sufren en el arco propio”. Dicha máxima se cumple a rajatabla, desde el potrero más precario, hasta la copa del mundo.
Yo tenía compañeros habilidosos en el secundario: “Adriano”, un jugador de características particulares, buena gambeta de baldosa, piques cortos y desplazamientos laterales impredecibles. Su poca participación en los torneos, la tendencia al juego individual y su deserción a temprana edad nos privó de su magia. “ Rogido”, era más grande que el resto de nosotros, por haber repetido, y por cuestiones naturales también. Juego largo y asociado, buena patada y cabezazo. Marca y garra en ocasiones. Lo mejor: su cross de derecha en el concurso de una discusión con rivales de otros colegios. “Montero”, jugador completo, gambeta en velocidad, recuperación y juego colectivo. Magia en circunstancias favorables y garra a la hora de ir perdiendo. Era imposible frenarlo en el mano a mano, a pesar de repetir una y otra vez la misma maniobra evasoria. Por eso para estar a la altura de mis condiciones, era preferible participar de un equipo que tuviese un habilidoso y no fuese morfón. Solo así podría explotar mis condiciones de pseudo-goleadoras. Como aquella vez en Japón que tuve la suerte de formar en un equipo de obreros de fábrica, predominantemente brasileños. Es sabido de su habilidad con la pelota en todos los ámbitos de disputa. A la optima lectura del juego le suman técnica y velocidad.
Por eso, no nos fue difícil llegar a las finales del torneo de seis en cancha de césped. La primer fase estaba compuesta principalmente de nipones entusiastas, pero ingenuos a la hora de los puntos. La final ya era otra cosa, un combinado de bolivianos aguerridos que trabajaban en una planta vecina de acero. Un primer tiempo disputado, en el que no se consiguió sacar ventajas 1-1. A la segunda mitad rápidamente nos pusimos en ventaja, hasta ampliarla al valor de seis, con tanto de mi autoría. Los minutos finales fueron simples pases laterales y “ fitas” cerca de la raya lateral haciendo el tiempo pasar.
Tiempo que llegó a su fin con la marca de 6-3, a pesar del esfuerzo de los hermanos trasandinos.
La recompensa un metálico estimado en doscientos dólares para el equipo, junto con un símil de la copa del mundo en yeso o cerámica pintada.
Lo paradógico del caso, fue que a instancias mías, providencié un juego de camisetas para suplir al ajuar del equipo.
Cuando los brazucas recibieron la “ suplente “ de la selección argentina versión 93, ( la del gol de Diego a los griegos), palidecieron de asombro y estupor. Solo accedieron a su uso, previo “ arrancamiento” del emblema patrio, cierta dosis de insultos y la certeza de que nadie les devolvería lo abonado por la vestimenta…
Una paradoja doble, un equipo campeón en su mayoría brasileños vistiendo la albiceleste, y un patadura alzando la copa del mundo.


Esteban Silva es alumno de nivel inicial en el taller de creatividad literaria de Cruzagramas.
En éstas líneas nos cuenta un poco más de él: Mis ganas de escribir comenzaron con la lecturas de mis primeros cuentos, allá por la escuela primaria; Cuentos de la selva, Mi planta de Naranja Lima, El Corsario Negro, fueron los primeros títulos que atraparon mi imaginación .De ellos obtuve la fascinación descriptiva de las locaciones distantes y la caracterización de los personajes. A mi paso por la juventud y la adolescencia se sumaron infinidad de colecciones enciclopedistas de los más variados temas, acompañados ya por novelas Best Sellers. De este cocktail, derivó mi inclinación por el ensayo de temas aleatorios, por lo general, reformulaciones de diversos temas en envases nuevos. El transcurso por la facultad de arquitectura, alterno temas académicos, con las consabidas novelas de compra obligada en el círculo de lectores, sumándose en este período, la novela histórica, los comics, libros de humor , especialmente Fontanarrosa, equilibrando parcialmente el tinte cientificista del pabellón 3 . De esta experiencia, surgió la argumentación, la gimnasia en la corrección de una obra, la exposición frente a la crítica,la intervención humorística como recurso de comunicación, las citas alusivas, y las ganas de parecer interesante frente a los demás; el egocentrismo resumidamente. La vida en sí, aportó lo suyo, una excursión a Japón por cinco años, diez años de lengua portuguesa por adopción de conveniencia, en dos relaciones fallidas, infinidad de viajes a Brasil , a su literatura. Esta colisión de mundos arrojó como saldo el exotismo, la visión paralela de otra sociedad, los puntos de vista, la palabra “ gasolina “ en vez de nafta. El saldo: las líneas que son las bases de este breve raconto, rayano al sincericidio

martes, 10 de mayo de 2011

Relatores (por Alejandro Dolina)


Por Alejandro Dolina


Los griegos creían que las cosas ocurrían para que los hombres tuvieran algo que cantar. Las guerras, los desencuentros, los amores trágicos, los horrendos crímenes, las gestas heroicas: todo tenía para los dioses impíos el único fin de proporcionar tema a los cantores. La Historia pone al alcance del menos docto centenares de ejemplos de relatos que fueron más ilustres que los sucesos narrados.

Resulta difícil concebir una idea más triste del destino humano. Sin embargo, a los juglares, cantores, cronistas y narradores de cuentos, les complace pensar que el mundo se mueve para favorecerlos en su oficio.

Héctor Bandarelli, el relator deportivo de Flores, creyó pertenecer a la estirpe de Homero. Durante toda su vida se esforzó para que la narración deportiva alcanzara las alturas artísticas de la épica.

En sus comienzos, Bandarelli hizo algo que nadie había hecho antes. Siendo entreala izquierdo del equipo de Empalme San Vicente, acostumbraba relatar los partidos que él mismo jugaba. Era héroe y juglar, Aquiles y Hornero, Eneas y Virgilio. Según dicen, no era del todo imparcial en sus narraciones. Cuando se hacía de la pelota, comenzaba a elogiar su propia jugada.

—Extraordinario, Bandarelli avanza en forma espectacular.

Muchas veces, por elegir las palabras e impostar la voz, se perdía goles cantados. Cantados incluso por él mismo.

A medida que pasaba el tiempo, el relator iba superando al jugador. Algunos viejos que lo vieron jugar cuentan que pasaba la mayor parte del tiempo parado en el medio de la cancha, relatando, casi sin tocar la pelota. inalmente fue excluido del equipo. Sin rencor ni tristeza, siguió acompañando las modestas giras del Empalme San Vicente, sólo para relatar desde un costado de la cancha el partido que jugaban sus antiguos compañeros. Lo hacía sin micrófono y sin radio, de modo que nadie lo escuchaba, salvo algún wing peregrino que alcanzaba a oír de paso su voz emocionada.

Después, según se sabe, el Empalme San Vicente dejó de jugar y sus futbolistas pasaron a integrar otros equipos. Y en ese momento, cuando todo hacía sospechar la decadencia de Bandarelli, el hombre dio un paso genial: descubrió que su narración no necesitaba de un partido real. Era posible relatar partidos imaginarios, hijos de su fantasía. Parece una evolución previsible: los antiguos poetas cantaban hazañas más o menos reales. Después las inventaron.

Lo mismo sucedió con Bandarelli. Y al no tener que ceñirse al rigor de los hechos ciertos, los partidos que relataba empezaron a mejorar: se lograban goles estupendos, los delanteros eludían docenas de rivales, había disparos desde cincuenta metros, los arqueros volaban como pájaros, se producían incidentes cruentos, los árbitros cometían errores perversos.

De a poco, el artista fue incorporando elementos más complejos a su obra. El tiempo, por ejemplo, manejado en un principio de un modo convencional, pasó a tener durante el apogeo de Bandarelli un carácter artístico y psicológico. Los partidos podían durar un minuto o tres horas.

Algunas veces, el relator omitía cantar un gol, pero daba claves y mensajes sutiles para que el oyente descubriera la terrible existencia del gol no cantado. Aparecían, cada tanto, unas historias laterales que provocaban un falso aburrimiento, que no era sino una trampa para mejor asestar la alevosa puñalada del gol sorpresivo. Todos recuerdan el famoso partido Boca-Alumni que Bandarelli relató en un asado del club Claridad de Ciudadela. En esta obra mezcló jugadores actuales con glorias de nuestro pasado futbolístico. Los viejos hacían fuerza por Alumni, los más jóvenes por Boca. Ganó Alumni, pero en su magistral narración, Bandarelli dejó caer —con toda sutileza— la sensación de que los boquenses, por respeto a la tradición, se habían dejado ganar.

Las audiencias de Bandarelli no siempre fueron numerosas. Algunos partidos los relató solo, en una mesa del bar La Perla de Flores, ante el estupor de los mozos y parroquianos. Pero poco a poco, los muchachones del barrio fueron descubriendo sus méritos y con el tiempo hubo quienes prefirieron escucharlo a él antes que ir a la cancha.

En 1965, Héctor Bandarelli organizó su campeonato paralelo de fútbol. Todos los domingos narraba el encuentro principal, mientras un colaborador lo interrumpía para comunicar lo que sucedía en el resto de los partidos. Algunas firmas comerciales de Flores lo ayudaron a solventar los nulos gastos del certamen a cambio de avisos publicitarios.

Las narraciones tenían lugar en la puerta de la casa de Bandarelli y, cuando llovía, en la cocina. Hay que decir que el relator poeta nunca trabajó para ninguna emisora y jamás utilizó micrófono, salvo en la grabación que realizara del segundo tiempo de Barracas Central-Barcelona, ya en el final de su carrera.

El campeonato paralelo terminó en un desastre. El artista no tuvo mejor ocurrencia que sacar campeón a Unión de Santa Fe y mandar al descenso a River, lo que irritó a muchas personas, que hasta llegaron a agredir a Bandarelli. Pero todos los que saben algo del relator coinciden en afirmar que su mejor partido fue Alemania-Villa Dálmine, relatado en el Colegio Alemán de la calle José HErnández, a pedido de la Asociación Cooperadora. Ese encuentro fue un verdadero canto a la hermandad entre los hombres. Los zagueros entregaban banderines a los delanteros rivales en cada jugada. El árbitro abrazaba llorando a los futbolistas que quedaban en off-side.

Los de Villa Dálmine hicieron una suelta de palomas celestes y blancas a los quince minutos del segundo tiempo para celebrar el segundo gol de la selección alemana. En el final, todos se abrazaron e intercambiaron obsequios. Fue inolvidable. En el Colegio Alemán, los padres lloraban de emoción añorando la tierra de sus antepasados. Algunos miembros de la Asociación Cooperadora pidieron a Bandarelli que volviera a relatar el encuentro en diferido, pero el artista se negó. En el esplendor de su actividad, tal vez advirtiendo el carácter efímero de su obra, resolvió escribir libretos detallados que luego archivaba prolijamente. Desgraciadamente, sus familiares quemaron este valiosísimo corpus argumentando que juntaba mugre. Nos queda apenas un breve fragmento, correspondiente al encuentro Boca Juniors 3 - Vélez Sársfield 3. "Solidario, agradecido, ayuno de envidias, Javier Ambrois entrega la pelota a Nardiello. El viento agita las banderas en los mástiles de la Vuelta de Rocha. Nardiello tira un centro rasante... Arremete. J. Rodríguez, pero ya es tarde... tarde para remediar los errores del pasado... tarde para volver a unos brazos que ya no nos esperan... Ya es tarde para todo. "Según sus seguidores, el libreto le quitaba frescura a Bandarelli y -como hemos visto— recargaba un tanto su estilo.

Un día desapareció. Algunos dicen que se mudó, o que se murió, es lo mismo. La gente volvió a preferir los partidos sonantes y constantes de la radio. Los relatores de hoy tienen la posibilidad de seguir al maestro e intentar la ficción y la fantasía en sus narraciones. ¿Por qué depender de la actuación, muchas veces mediocre, de los futbolistas?

¿Por qué no crear con la voz jugadas más perfectas? ¿Por qué no dar nacimiento a deportistas nobles, diestros y mágicos que nos emocionen más que los reales? Se puede ir más allá. Todo el periodismo podría tener un carácter fantástico y abandonar los vulgares hechos de la realidad para aludir a sucesos imaginarios: conflictos, tratados, discursos, crímenes e inauguraciones de ilusión. En este último instante comprendo que nadie me asegura que estos artistas no existen ya. Tal vez, todo cuanto uno lee en los diarios no es otra cosa que un invento del periodismo de ficción.

Sin embargo, esta clase de incredulidad conduce a sospechar la falsedad del Universo mismo. Suspendamos semejante astucia porque algunos hasta podrían pensar que el propio Bandarelli es imaginario y sus partidos sombras de una sombra.


Este texto fue extraído de la muy buena página web Cuentos y más http://www.cuentosymas.com.ar/

martes, 19 de abril de 2011

El niño y la luna (por Walter Saavedra)

Por Walter Saavedra

Encorvado sobre el pescante regresa por la madrugada llevándose con él esa luna llena, redondamente gorda y blanca, y se duerme con las tripas retobadas, sin un beso de buenas noches.

El niño sueña. Sueña que esa luna llena, redondamente gorda y blanca, baja del cielo, hace nido en su pecho, le recorre el cuerpo como la caricia que le anda escaseando, cae en el hueco justo de su empeine y escapa con ella.

“¡Corre, niño, corre!”, le grita un ladrón y el niño corre haciéndole gambetas de luna llena a la miseria.

“¡Corre, niño, corre!”, le grita una prostituta y el niño huye sin dejar que la luna llena toque el suelo y se manche de barro y estiércol.

Y salen los vecinos, alarmados por un bochinche de perros trasnochados, y aplauden... Aplauden asombrados al niño malabarista que ahora inventa una rabona que deja una estela de chispas, luminosa como la vía láctea, y a la vuelta de una esquina niño y luna desaparecen, hundiéndose en la noche mas profunda.

Shhhh... No despierten al niño que ha encontrado, por fin, eso que nosotros llamamos... felicidad.


Este texto fue extraído de la muy buena página web Cuentos y más http://www.cuentosymas.com.ar/

martes, 5 de abril de 2011

Pase de magia (por Ariel Scher)

Por Ariel Scher


Por eso era El Mago. Porque se animaba a todo y porque ya hacía un tiempo largo que había demostrado que en el fútbol conseguía lo posible y lo imposible. Sobraban pruebas. Una tarde castañeteó los dedos y logró que un marcador de punta aficionado apareciera protagonizando una final profesional como centrodelantero. Otra vez fantástica, susurró tres palabras y provocó que un mediocampista arrogante quedara sepultado por una colección de pelotas. Un mediodía sin olvido, enterado de que en un barrio pobre querían una cancha cubierta, puso la mano en un bolsillo y sacó palomas hasta sumar cuatrocientas que, juntas y apretadas, formaron un techo perfecto. Había más: una leyenda de la que él prefería no hablar aseguraba que era hincha de un equipo barrero y que, en un día decisivo, hasta había sido capaz de hacer llover.

Porque era El Mago, por eso mismo, es que esos hombres lo fueron a ver. Se compadeció de ellos en un minuto: hablaban con la urgencia de los desesperados y cada vez que pestañaban removían en el aire una angustia. Era evidente: se trataba de gente que sufría.

“Discúlpenos, Mago, pero nos ocurre algo horrendo- explicó uno de los hombres-. Somos personas que amamos al fútbol. Con pasión, sí; pero con salud. Y estamos en problemas”. El hombre dejó correr apenas un silencio, como si tanto dolor lo obligara a un reposo breve, y después siguió. “Queremos que vea”, dijo, y le mostró las imágenes de miles insultando a otros miles en un estadio. “Queremos que oiga”, agregó, y le pasó la grabación de un comunicador deportivo que, por dinero, parloteaba a favor de un candidato a algo. “Queremos que lea”, pidió, y le dio un recorte en el que se detallaba cómo un empresario era “dueño” del pase de un chico de 16 años. “Queremos que sepa”, afirmó, y le contó que había entrenadores que sostenían que un partido sin goles era un partido perfecto. “Queremos que nos ayude. Todo esto es insoportable”, imploró el hombre. Y casi se puso a llorar.

El Mago se comprometió a intentar. Apeló a paños y a pañuelos de cada color, y a libros cargados de trucos, y, además, a una bruja retirada, todo un pozo de saber, que le había enseñado de qué manera mover una varita mágica para que un arquero eternamente suplente fuera alguna vez titular.

Entonces, El Mago convocó a los hombres. “Señores- les confesó-, no puedo. Sucede que yo soy apenas un obrero de las ilusiones y ustedes están ardiendo por las miserias de la pura realidad. Pero no se desesperen. Se los digo convencido: pronuncien fuerte sus indignaciones, denuncien tanta trampa grosera, rechacen el poder de la mediocridad y, en especial, organicen la rabia. En el fútbol y en mil cosas, la mejor magia de todas es desear, es soñar, es luchar”. Luego metió las manos en su galera, dibujó una sonrisa de artista y regaló dos maravillas. Porque era mago, primero sacó un conejo. Porque era un hombre, después sacó una esperanza.

Este texto fue extraído de la muy buena página web Cuentos y más http://www.cuentosymas.com.ar/

sábado, 2 de abril de 2011

"Football is God" en el BAFICI 2011



Se viene el BAFICI (Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente) y ya se pusieron en venta las entradas para todas sus funciones. Habrá algunos eventos especiales, seminarios, workshops, películas proyectadas en espacios abiertos y gratuitos, y nuevas secciones. Una de ellas se llama “Elegante sport” y reúne filmes cuya principal temática es el deporte.

Como no podía ser de otra manera, hay una película en particular que analiza parte del fenómeno del fútbol en la Argentina, siguiendo a tres hinchas de Boca un poco peculiares: Pablo, el ultra fanático de Maradona que se integra a la Iglesia Maradoniana y sigue todos sus ritos; la “Tía”, una señora que trata a los jugadores de Boca como si fueran sus sobrinos y les hace regalos para sus cumpleaños (como el calzoncillo que le da a Martín Palermo); y Hernán, un fanático envenenado, al que, por ejemplo, se le quiebra la voz recordando un gol de Mastrángelo de hace décadas y, sin embargo, vemos en sesiones de psicoanálisis tratando de analizar su fanatismo. Todo esto, claro está, no sería tan peculiar sino fuera porque la visión que se posa sobre estos tres fanáticos es la de un director danés.

En resumen, el documental danés Football Is God es un apasionante paseo por las pasiones. Y por la Bombonera. Y por una parte de la psiquis argentina vista por un extranjero.

Football Is God

Días y horarios:

7 de abril a las 17.30 en Hoyts Abasto

9 de abril a las 22.15 en Hoyts Abasto

10 de abril a las 17 en Pasaje Carlos Gardel (función gratuita)

14 de abril a las 21.45 en Alianza francesa


Más info en http://www.bafici.gov.ar/home11/web/es/films/show/v/id/78.html

jueves, 31 de marzo de 2011

Fúbol S.A. (Última parte)

Por Javier Viveros

Link a la Primera parte
Link a la Segunda parte

IV

Futbolísticamente no nos iba demasiado bien. Pero los resultados parecían no importar, al menos de las paredes del club para adentro. Nosotros cobrábamos siempre a fin de mes y la empresa facturaba muchísimo en publicidad.
Yo había podido comprarme una Nissan Terrano y empecé a salir con una de las modelos que hacía más ruido. Muchos de los otros componentes del plantel también empezaron a salir con modelos. Los que eran casados no salían con ellas, simplemente las alquilaban por una noche.
Varios jugadores se vieron obligados a firmar su renuncia, recibieron su liquidación correspondiente, «por no estar en la línea estética de lo que pretende la empresa». Empezaron a traer algunos jugadores extranjeros. La mayoría de ellos eran futbolistas que habían brillado en otra época, pero ahora estaban ya viejos. Se convirtió nuestro club en un verdadero cementerio de elefantes, donde venían los grandes a enterrar su carrera deportiva. Eso era algo nuevo para nosotros, que trajeran jugadores buenos, lo usual era que vendieran al primero que levantara la cabeza medio milímetro por encima de los demás, que lo vendieran rápidamente, al mejor postor. Eso era lo normal, porque el mismo presidente del club era dueño de la ficha de muchos jugadores y había empresarios-buitres observando cada entrenamiento.
Los recién llegados eran jugadores viejos pero de gran técnica y experiencia. Uno de los que trajeron fue un número diez zurdo, Reconto, un jugador uruguayo que en otra época fue uno de los mejores del planeta. Tenía un control de balón verdaderamente envidiable. Y un cabezazo por demás terrible. Con el ejército de extranjeros capitaneados por Reconto, más la legión de jugadores locales, nuestro equipo empezó a ganar los partidos.
Habíamos vuelto a enamorar a la afición deportiva luqueña. El merchandising era abrumador. Se vendían lapiceras auriazules, tazas, brújulas, camisetas, mochilas, llaveros con fotos de los jugadores, termómetros. Inclusive se comercializaban bonsais tatuados con el escudo de la institución. Pero duró poco tiempo el romance, en dos meses el aluvión de extranjeros se marchó tan rápidamente como llegó, habían sido contratados por sesenta días nada más. Sólo quedaron unos pocos jugadores brasileños en el plantel.
Al parecer la FIFA había visto el video de varias de nuestras celebraciones de gol y por ello sacó su Circular Nº 579 donde ordenaba a los árbitros impedir los festejos grupales ensayados. «No están permitidas las celebraciones coreografiadas que ocasionen una pérdida de tiempo excesiva», decía el documento publicado. Por ello tuvimos que aprendernos nuevos festejos individuales para reemplazar a los colectivos.
Entre semana solíamos ver por la oficina de nuestro DT/Presidente Lucas a directivos de los otros clubes de la primera división. A veces inclusive con el maletín en la mano. Se estaban una hora encerrados conversando (negociando) y luego salían, y me era imposible evitar mirar esa sonrisa desdeñosa que lanzaba el directivo visitante cuando veía nuestro entrenamiento, una sonrisa de burla como diciendo «vamos, troten, troten muchachos, sigan entrenando, todo es en vano porque ya el resultado del partido acabamos de fijarlo».
Eso me enervaba y me ponía a correr como loco, despertando en algunos de mis compañeros cierto fervor de batalla. Otros, en cambio, levantaban el dedo índice y lo hacían orbitar en torno a la oreja derecha, indicando mi escasa salud mental.

V

Transmisión en vivo en la página web del Deportivo Mbusu:
http://www.deportivombusu.com.py/online.php

Está por iniciar el segundo tiempo. Este empate en uno no nos favorece en lo absoluto. Tenemos fe en que se podrán marcar más goles, hay equipo y tiempo de sobra para ello. La hinchada no para de alentar.

45': Empieza la segunda mitad.

46': En una jugada desafortunada, al sacar los luqueños, Acosta marca el gol que los pone arriba en el marcador. Para celebrar su tanto Acosta hace ante la cámara el conocido ‘saludo-pulgar’ de la compañía celular «Hablana». Luqueño nos gana por 2 a 1. Pero queda todavía mucha tela por cortar, esto recién inicia.

48': Ocasión desaprovechada por Otazú tras una gran jugada individual, asistido por Núñez.

50': Los nuestros presionan en todos los sectores del campo. Los luqueños están arrinconados y la arrojan a cualquier parte. La pelota les quema los botines.

51': Falta sobre Acosta por empujón de Otazú. Tiro libre para la visita.

52': Folha seca de Acosta que lame el travesaño.

55': Saca el arquero y en tres toques llegamos al área rival. Remata Mendoza por línea de fondo.

57': Mendoza está enchufado. Baila solito a toda la defensa y termina rematando por encima del larguero. Se salva Luqueño.

59': Arranca Otazú en velocidad por el andarivel derecho, se mete al área, lo barre un defensa y el juez nada cobra. Otazú se queda en el piso reclamando penal. El árbitro nos está perjudicando.

62': Infantil error de Núñez en el mediocampo y se viene Luqueño en contragolpe con Acosta que la lleva por el medio, remata desde unos veintitantos metros y nos salvamos: el balón pasa cerquita del poste derecho.

65': Cambio en Luqueño.
Entra: Jorge Aranda.
Sale: Reinaldo Arévalos.

66': Arévalos sale diciéndole algunas cosas a su entrenador y le arroja la camiseta.

67': Metimos dos centros al área pero el arquero del equipo visitante estuvo acertadísimo en sus rechazos.

68': Nuestro D. T. cambia.
Entra: Antonio Rodríguez.
Sale: Roberto Núñez.

69': Tarjeta amarilla para Acosta, por falta sobre Rodríguez.

71': Aranda se metió una galopada al área pero nuestra zaga estuvo muy coordinada para aplicar la trampa del off-side.

73': Empieza a hacerse notar el nerviosismo en ambos conjuntos. Pero más en los luqueños que reparten patadas y codazos a granel. ¿El árbitro? Con lentes de sol.

75': Error en la zaga visitante y la pelota es recuperada por Fante, se mete al área, va a patear y oportunamente aparece Aguilera para barrer y enviarla fuera del campo de juego.

76': Cambio en Luqueño.
Entra: Joao Acevedo.
Sale: Tadrio Aguilera.

77': Finta Fante y marca un precioso gol de cucharita pero recibió el balón en posición prohibida, a medio cuerpo nada más del último hombre de la zaga luqueña. Habrá que ver la repetición, porque evidentemente jugamos contra más de once hombres.

78': Tarjeta amarilla para Acevedo, por reclamar una falta inexistente.

80': Se viene el equipo visitante de contragolpe, tres contra tres, la pelota la lleva Acosta, engancha hacia adentro, quiere habilitar a Aranda y afortunadamente equivoca el pase.

81': El central luqueño se despachó con una entrada realmente sucia sobre Fante. Acosta lanza la pelota afuera para que lo atiendan. El juez del encuentro no amonesta ni siquiera verbalmente al infractor. Es una vergüenza la actuación del conjunto arbitral.

82': Fante está siendo atendido fuera del campo.

84': Se reincorpora Fante. Otazú devuelve la gentileza a los luqueños. El estadio aplaude el fair play de nuestro equipo.

86': Tarjeta amarilla para Aranda por ir con excesiva brutalidad a una pelota dividida.

87': Entró el delantero auriazul a nuestra área, lo marcó Rodríguez y el luqueño se arrojó a la pileta. El juez debería mostrarle la amarilla por simular.

89': El árbitro indica dos minutos de adición, iremos hasta los 92. Otazú mete el amague y recibe una tremenda plancha del jugador luqueño que termina viendo la tarjeta roja, ahora somos once contra diez en el terreno. Aunque quizá sea ya muy tarde para reaccionar, no hay tiempo para más.

90': Aún así, nuestros muchachos lo intentan vía el movedizo Otazú que encara, aguanta la marca, hace el giro y la toca para Fante que le pega y la pelota es contenida en dos tiempos por el guardameta auriazul.

92': Todo ha terminado. Encajamos una derrota más de locales. Nuestros hombres lo dejaron todo sobre el campo de juego pero no pudo ser, no se puede contra el árbitro. Se despiden los jugadores en el centro del campo y también nosotros nos vamos. Cerramos la transmisión, no sin antes agradecer su compañía. Buenas noches y hasta la próxima.

VI

Radio «Catorce de Marzo». Entrevista con Bernardo Acosta, el crack de la casaca número diez del Sportivo Luqueño, «el jugador del partido».
Me hallo porque me eligieron la figura. Sí, fue un partido muy difícil. Pero gracias a Dios y La Virgen pudimos encontrar la victoria con un gol de vestuario. Apenas tocamos la pelota en el segundo tiempo y con toda la confianza que El Profe depositó en mí pude ñapytirle un derechazo, rematé fuerte y tomé de sorpresa a la defensa del Deportivo. Sabíamos que iba a ser un partido complicado porque ellos tienen buenos jugadores y son siempre muy fuertes jugando en su casa, pero nosotros también teníamos lo nuestro y por suerte para nosotros ellos no pudieron empatar después de mi gol y nos vamos muy contentos llevando los tres puntos de visitantes.

VII

Me parecía poder entender el funcionamiento de la mente de nuestro DT, Lucio Viega. El era nada más que un empleado de una empresa poderosa, tenía su maestría en administración de empresas y había hecho el curso de entrenador, y la unión de esos dos títulos lo convirtió automáticamente en un candidato potable para trabajar para «O Rei» Sports. Era un individuo solitario, que actuaba y se movía como si estuviera en campo enemigo, parecía desconfiar de todo y de todos. Cuando daba las órdenes había un dejo de inseguridad en su voz. Yo había trazado ya su perfil psicológico. Era un individuo aclimatado a las derrotas, acostumbrado a los naufragios, alguien que apostaba siempre por los caballos perdedores y para él era algo raro su presente de éxito laboral y económico. Le parecía un truco del destino, un engaño, un castillo de arena que el viento o algún gracioso derribaría de repente de un puntapié.
Una vez lo encontré en un karaoke. Estaba bebiendo y probablemente ebrio, al menos eso podía pensarse al observar la cantidad de botellas en su solitaria mesa. Lo vi primero desde la distancia, sin que el se percatara de mi presencia. Pidió el micrófono y cantó Um dia de domingo con la voz más triste y el portugués más cercano al francés que escuché en mi vida. Cuando terminó fui a saludarlo:

––¿Qué tal, entrenador?

Me estrechó la mano y conversamos un rato. Siempre me gustó la Psicología, durante mi casi concluido bachillerato fue la materia que llegó a desagradarme menos. Luego de la conversación que mantuve con el entrenador pude darme cuenta de que conspiraba contra sí mismo, de manera inconsciente se saboteaba y por eso los repetidos fracasos. Y también pude concluir que esta era una tregua nada más, las multiplicadas derrotas le daban un respiro, o él mismo se estaba dando un respiro ahora. Pero eso pronto iba a cambiar, así lo pude intuir esa noche.
Por mi parte, yo me estaba cansando de ser un producto y perder con tanta asiduidad. Acumulábamos siete derrotas, dos victorias y cinco empates. A ese ritmo terminábamos últimos en la tabla. Los partidos estaban casi siempre arreglados, porque la estrategia que nos daba el entrenador era a veces francamente perdedora. En ocasiones, casualmente contra algunos equipos más chicos, la táctica era como para salir a aplastarlos. Era evidente que se vendían nuestros partidos y los equipos grandes podían comprarlos, no así los clubes más pequeños. Un día decidí azuzar a mis compañeros, nos reunimos y les comenté mis ideas. El equipo que enfrentaríamos era un equipo que en el torneo interno arrasaba, tenía ganados numerosos campeonatos locales. Rugía como el motor de un Fórmula Uno en el certamen casero pero en el ámbito internacional se convertía en una miga de pan. El equipo se llamaba «Real Ambere» y padecía una suerte de pánico escénico o tal vez una forma malentendida de patriotismo (jugaba bien solamente en Paraguay) o por otro lado quizá fuera malinchismo, mirando de rodillas a los equipos extranjeros y viéndolos como si fueran gigantes.
La estrategia que nos trazó el director técnico consistía en tener seis defensores y cuatro medios. Era francamente defensiva y jugar a perder. Hablé con los muchachos la noche de la concentración antes del partido. Me sentí poseído por otra lengua. Les hablé de gloria deportiva, de triunfo, de esfuerzo, de las esperanzas de una ciudad que se depositaban en nosotros como una olla al final del arco iris.
Llegó el sábado, jugamos el partido contra los amberetistas. Les llenamos la canasta. Joao convirtió un bonito gol. La pelota curvó dos veces su dirección como si tuviera vida propia y fue a estrellarse no en el ángulo, hay que decir la verdad, se clavó más o menos a la altura de la cintura del golero y hasta por el golpe y la fuerza que llevaba echó al suelo la toalla que estaba colgada de la red. Fue el gol que abrió el marcador. No hicimos caso del planteamiento táctico y fuimos para el frente. De un tiro de esquina nuestro defensor central aprovechó y remató a placer. Y el último tanto fue de tiro penal. El ejecutor estuvo a punto de correr hacia la cámara para festejar su gol con la coreografía aprendida pero dos jugadores lo agarramos de la camiseta y fuimos caminando con él hasta el mediocampo. El entrenador estaba furioso, nos insultaba en un portugués cerradísimo, gesticulaba como un epiléptico, hizo los tres cambios, pero aun así seguimos dominando el partido y nos alzamos con la victoria.
Todo el plantel recibió una sanción. Económica, por supuesto. Por haber sido el cabecilla de la rebelión yo fui separado del club, me mostraron el memorando que venía de Río de Janeiro con firma y sello real. No me pagaron nada por mi salida pero ahora soy dueño de mi pase. Si bien es cierto que estoy ya algo viejo, aún puedo fichar por otro equipo. Quizá todavía incluso llegue a marcar un gol. Si se me llega a dar el gol me abrazaré con el compañero más cercano luego de gritarlo con toda mi alma y dedicárselo a la hinchada.

FIN



Javier Viveros (Asunción, 1977). Es Licenciado en Análisis de Sistemas e Ingeniero en Informática. Publicó los libros de cuentos La luz marchita, Ingenierías del Insomnio y Urbano, demasiado urbano, así como también los poemarios Dulce y doliente ayer, En una baldosa, Panambi Ku’i y Mensajeámena (poemas a ras del saldo).
Su último libro, Urbano, demasiado urbano, agrupa diez cuentos donde se respira el smog de las ciudades y puede percibirse esa “alucinación en marcha” de la vida moderna. El cuento “Misterio JFK” del libro mencionado, resultó finalista entre 4.735 textos participantes del Concurso Internacional “Juan Rulfo”, en su edición del 2009. Dicho concurso está organizado por Radio Francia Internacional, el Instituto de México en París, el Instituto Cervantes, la Casa de América Latina, Unión Latina, el Colegio de España en París y Le Monde Diplomatique (España).
El blog del autor: http://javierviveros.blogspot.com y su e-mail: jviveros@gmail.com