martes, 9 de marzo de 2010

-Antonia- Mandato (por Rodolfo Braceli)


Por Rodolfo Braceli



–¿Te vas?

–Sí. Me voy.

–Pero volvés enseguida.

–A la noche vuelvo.

–A tu madre la vamos a enterrar a las tres y media, ¿estabas enterado?

–Papá, yo me voy al partido.

–¡Pedazo de hijo de puta!

–No la insultés a la vieja. Y no me insultés a mí.

–Ah, claro, tengo que felicitarte por lo que vas a hacer.

–No te pedí eso.

–Pero carajo: ¡por ir al partido dejás de estar en el entierro de tu madre!

–Sí.

–¿No se te ocurrió pensar que en esta re vinagre vida, muerte de madre hay una sola?

–Esperá papá, escuchame: ¿te acordás que ayer la mamá...?

–... tu mamá, Antonia; tu mamá, la que quedó inválida desde el día que te parió; tu mamá, la que te enseñó a leer y a escribir y a sonarte los mocos; tu mamá, la que con su trabajo de modista costeó tu carrera de abogado; tu mamá, la que te dio su córnea del ojo izquierdo para recuperar el tuyo después del accidente; tu mamá, la que te hizo de comer como en la reputísima vida te van a hacer de comer; tu mamá, que ahora está en ese ataúd durmiendo para siempre, durmiendo, tuertita y sola; tu mamá va a ser enterrada en un par de horas y vos...

–Escuchame de una vez, papá...

–¿Con qué me vas a salir...?

–¿Te acordás que ayer la mamá recuperó el conocimiento un ratito?

–Y cómo no me voy a acordar, pedazo de hij...

–Ayer, en ese ratito, te pidió que me dejaras solo con ella.

–Y los dejé solos.

–Entonces ella me dijo: “Sacate los zapatos, Franco; y las medias también”.

–¿Qué estás diciendo?

–Y me saqué los zapatos y las medias, y me dijo: “Acercame los pies”; y me besó dedo por dedo; más el meñique izquierdo, que me fisuré por jugar descalzo a la pelota... Y después me tomó la cabeza con las dos manos y me besó los párpados y me lamió las cejas y las pestañas y me mordió dulcemente las yemas de cada dedo de la mano y ahí me preguntó al oído: “Mi papito querido del alma, si te pido algo para cuando yo aquí ya no esté, ¿lo vas a hacer?”. “Mamá, por favor, no me hable así.” “Si te pido algo para después, ¿me lo vas cumplir?” “Sí, mamá, lo que sea, lo voy a cumplir.” “Jurámelo por la Virgen de la Carrodilla.” “Se lo juro por la Virgen de la Carrodilla.”

–Dejá de llorar. Terminá de contarme.

–Entonces la mamá me dijo que iba a morirse enseguida y que... si el entierro se juntaba con el partido, “¡vos te vas al partido, eh!”.

–Y vas a ir nomás.

–Papá, fue su último deseo.


Este texto pertenece al libro Perfume de gol. Fue extraído del suplemento Líbero del diario Página 12
Link a la nota original: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/libero/11-4832-2009-11-14.html

2 comentarios:

Sonia Cautiva dijo...

MANDATO.
¡UY! ¡QUÉ FUERTE Y QUÉ BUENO!
Me atrevo a opinar.
Fuerte tierno y un remate para no olvidar.
Un abrazo, Rodolfo Braceli
Sonia

Latisse dijo...

sin duda que la entrada estuvo fuerte, pero muy original sobre tood