martes, 27 de julio de 2010

Juegue en la cancha que juegue... (Por Ricardo Martínez Gálvez)

Por Ricardo Martínez Gálvez




Cuántos kilómetros!
Felices, incómodos, mojados, traqueteados

...”Ojalá la chata del Negro se porte bien y no nos deje
A cuántas canchas nos habrá llevado: Córdoba, Mendoza, Rosario...
Uyy!! Todavía faltan como doscientos y ¡qué frío está haciendo!
¿Rulo, tenés un faso?”


Agradecemos al autor por dejarnos publicar en "Gambeteando..." ésta hermosa obra

miércoles, 21 de julio de 2010

Celeste (por Sonia Figueras)

Por Sonia Figueras

El tío Alberto le prometió acompañarlo y darle la plata para hacerse socio del club. Desde ese instante no podía pegar los ojos. Hasta que llegó el momento. No precisaba bien por qué le latía el corazón tan fuerte como el galope de caballo desbocado y le temblaran las manos y los pies subieran y bajaran igual que al compás del cinto del viejo.
El club quedaba cerca. Creyó que el tormento acabaría. No. El empleado que asociaba no estaba ese día y volvió como un pollo mojado y encima con los rezongos del tío por el tiempo perdido. La que se perdió fue la plata. En la casa estaban a fin de mes y siempre faltaba la garrafa y la comida.
Y se quedó sin ser socio.
Igual siguió yendo los sábados después del mediodía. Sólo, siempre sólo.
La miraba de lejos y lo deslumbraba como el sol. Soñaba con acariciarla. ¡Era la pelota del club! ¡Era comprada en una casa de deportes! ¡No como la de plástico o la rotosa con la que pateaba en el potrero! Ésa era la inalcanzable.
Un sábado se sentó en las gradas y la cosa fue para no olvidar.¡Qué gambetas hacía “el chinito” y el Coco cómo pateaba al arco, de puntín la rompía. Al chinito, al Coco y al petiso los conocía bien. Claro, de nombre nomás, pero para él eran amigos…jugaban al fútbol y estaban en sus sueños como la redonda y la cancha del club.
Otro sábado se animó y se sentó en el pasto. Los olores de sus héroes lo inundaban, el jadeo de los pibes lo excitaban, los golpes de los puntapiés le sonaban al redoble del tambor de la murga “Los fantásticos”. Y los gritos ¡Dale, Coco, pasamelá petiso. ¡Nooo! ¿Qué hacés chabón? Era un sueño. ¡Tan cerquita!

Benítez, el flaco institución, le pegó al silbato y le gritó ¿querés entrar pibe? falta uno. Se levantó robotizado, duro como tacurú en el campo.
- Pibe ¿cómo te llamás?. No le salió una palabra, un sonido, un mugido.
- Entrá, dale, ponete al medio, a ver qué podés hacer, nos van a golear hoy. De ahí en más, dale, vos, el de celeste, corré, pasala pibe, pasala, bien, pateá, gool. Ganaron gracias a su gol.
Y se quedó en el equipo y ascendió, ascendió tanto que de la categoría 90, llegó a primera a los 18.
Ahora en Europa, aún lo llaman Celeste, nunca por su verdadero nombre, Diego, igualito al Diego.
En las tribunas se escucha… Celeste, Celeste…
En la pieza del viejo y el tío, al lado de las fotos del Diego, está la de Celeste.


Mi nieto Juan Francisco me dio el tema para este relato. Gracias, Juano.

domingo, 18 de julio de 2010

Adiós al Pulpo Paul (por Javier Aguirre)

El impasse "Gambeteador" fue bastante largo. El Mundial nos absorvió y nos llenó de ilusiones a las que, ahora, hay que poner en stand by. Desde acá bancamos a Diego y a todo el plantel y queremos la revancha, porque ésta selección nos despertó un sentimiento y unas ganas de ver fútbol en celeste y blanco que estaban algo apagados en los últimos años.
Queremos despedir el Mundial, despidiendo al "célebre" pulpo Paul, el que demostró saber más de fútbol que Niembro, Pasman y el Colorado Liberman aunque, ahora que lo pensamos bien, no sabemos si es tanto mérito.
La despedida es con una columna de Javier Aguirre, periodista y músico que escribe para "Página 12" y Revista "Barcelona", y además tiene un blog dedicado a All Boys, "Álbum Blanco, diario de un hincha de All Boys". Esperamos que la disfruten.

Por Javier Aguirre

Igual, todo bien, pero –salvo en España– Sudáfrica 2010 ya es un cadáver putrefacto. Y el gran derrotado de la Copa del Mundo resultó el marketing anti-animalista. O sea, el de los organizadores, que prefirieron que la comunicación del torneo destacara el capital humano sudafricano y no la notable fauna del país. Y así como en las ceremonias de apertura y cierre del Mundial fueron ninguneados “los Cinco Grandes” (que en Sudáfrica no son River, Boca, San Lorenzo, Racing e Independiente, sino el león, el leopardo, el búfalo, el rinoceronte y el elefante), la fauna siempre se abre camino, como decían en Jurassic Park. Y quien terminó vengando la mordaza que sufrieron los animales sudafricanos durante el Mundial fue otro animal: el pulpo pronosticador. Es cierto que, al lado de algunos de los que opinan sobre fútbol por TV, cualquier molusco cefalópodo puede resultar más certero, informado e inspirado a la hora de analizar partidos. Pero, ¿cómo confiar en que un ser que tiene ocho brazos vaya a apuntar siempre hacia el lugar correcto?

El web-pop oportunista se movió rápido, y así como apenas horas después de la final de Alemania ‘06 ya rotaba la canción Coup de Boule (que tributaba el cabezazo de Zinedine Zidane al esternón de Marco Materazzi), ahora circula la lamentable The Octopus Song, obra de Parry Gripp (líder de los punks jocosos californianos Nerf Herder). Es que mucho antes que el fútbol, la música ha sabido valorar a los pulpos, tanto para apodar bateristas (un saludo al Pulpo Montello, batería de Los Umbanda), como también para bautizar bandas (como los grunge-under-bonaerenses de Pulpo; o como los Mamá Pulpa, que tributan la frase “¡Ay, mamá Pulpa!”, del dibujito animado Manotas), discos (como El sueño del Hombre Pulpo, de Mataplantas; Red Octopus, de Jefferson Starship; u Octopus, de The Human League) y canciones (Octopus Garden, el máximo hit beatle de Ringo Starr; Octopus, de Syd Barrett; El pulpo, de los under locales Presos de Estilo).

Con este antecedente de bestias que se adueñan de la fiesta del fútbol (nada que ver con la presunta animalidad de los más rústicos defensores), es de esperar que en Brasil 2014 la fauna amazónica cope la parada. ¿Mediocampistas que marcan como pirañas? ¿Monos aulladores en reemplazo de vuvuzelas? ¿Vestuarios en los que cuelguen intimidantes anacondas? ¿Pericos cantando Eu vi chegar? Todos ellos jugarán para el local, claro. Y para cualquier selección que no use colores verde y amarillo, será improbable quedarse con la Copa en Brasil. Más duro aún será para la Selección Argentina: aceptémoslo, tener una rivalidad futbolera justamente con Brasil es como intentar componer más hits fiesteros que Los Auténticos Decadentes, o como librar una guerra de escupidas con fans de los Sex Pistols (en comparación con ese trágico destino futbolístico argentino, la tienen más fácil en Uzbekistán, cuyo derby debe ser con Kazajstán; o en Bosnia, cuyo rival “del barrio” debe ser... ¿Herzegovina?). Pero hay que tener confianza: quizás el pulpo señale un nuevo Maracanazo (Pulpazo) y los brasileños terminen queriendo cortarse los tentáculos. De cualquier manera, a sabiendas de que el pulpo Paul no estará en el próximo Mundial, el NO despide a Bolas Negras, pero ya mira de reojo a los Ovos Verdeamarelhos.


Esta columna fue publicada originalmente en el Suplemento NO del diario Página 12.
Le agradecemos al autor la posibilidad de publicarla en Gambeteando Palabras.
Link completo a la nota:
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/no/12-4841-2010-07-15.html

miércoles, 23 de junio de 2010

Palermo bajo la lluvia (por Rodolfo Edwards)


como un perro bajo la lluvia
que perdió el rastro
y camina lentamente
con un agujero negro en la cabeza
así viene Palermo
fantasma en celo
ánima en pena
aparecido
mito criollo
terminator con polainas
el corazón atravesado por mil flechas
la piel dura casi de bronce
engualichado de gol
de grito de... esperanza
Dios y el Diablo esta noche
se dieron un abrazo
allá en lo alto
en la popu entre los monchos
el fútbol es un campo de batalla
donde brilla un facón (en la punta de tu botín izquierdo)
y pasas a degüello
defensas enteras
esquivás misiles
armas de devastación masiva
luchás cuerpo a cuerpo
en la guerra del fin del mundo
soldado platense al servicio de la República de La Boca
patrón del área chica
sabueso del balón
poeta maldito
error de la naturaleza
suicida saltando al vacío
hoy la red te salvó una vez más


Rodolfo Edwards (Buenos Aires, 1962) es un poeta y crítico de poesía argentino. Nació en el barrio porteño de La Boca. Es licenciado en Letras, especializado en literatura argentina y latinoamericana. Editó las revistas La Mineta y La Novia de Tyson y participó de la redacción de 18 Whiskys. En 2007 dirigió la clínica de escritura de poesía para autores jóvenes en el Centro Cultural Ricardo Rojas. Colabora en programas de radio y en suplementos culturales de diarios y revistas de Buenos Aires. Publica regularmente sus poemas en su blog El Rey de la Boca.


Agradecemos a Sebastián "El Zaiper" Barrasa por enviarnos este hermoso y goleador poema

miércoles, 9 de junio de 2010

Antes del pitazo inicial



Faltando sólo algunas horas para que se dé el puntapié inicial de ese maravilloso evento llamado Mundial de fútbol, a los editores de Gambeteando palabras nos resultaba difícil elegir entre varios y muy buenos textos que narran, analizan y pintan algunos de los partidos y sucesos más coloridos en la historia de los mundiales. Entonces, se nos ocurrió pasarles la pelota a nuestros lectores y que ustedes metan los goles con algunas palabras sobre su primer mundial.

La idea es que, en la sección comentarios de esta entrada del blog, nos dejen textos breves con alguna imagen, alguna sensación o alguna anécdota sobre el primer mundial que recuerdan haber vivido. Así practicamos, entre todos, la literatura futbolera, como para ir entrando en calor hasta este 11 de junio a las 11 horas, momento en que dará comienzo el partido inaugural entre Sudáfrica y México.


Los editores

martes, 8 de junio de 2010

Erectas (por Ricardo Rowies)

Por Ricardo Rowies

Nadie lo podía creer, fue algo terrible, nunca visto y todo por culpa de Richard, que jugaba de tres en el equipo, él se llevó las camisetas y los pantaloncitos para lavar, y no tuvo peor idea que ponerlos en el lavarropas con una bombacha de su mujer. Justo esa mujer, la más sexy, la más hermosa , la más mirada de todo el pueblo, la madre de nada más y nada menos que siete hijos. Todo junto. ¡Qué desastre!
Para colmo llegó sobre la hora de comienzo del partido, ni tiempo tuvimos de darnos cuenta de semejante papelón.
Nos vestimos rápido y salimos a la cancha, el pantaloncito me tiraba y ni me quise mirar. Todos estábamos formados para que los visitantes nos dieran la mano uno por uno como marca el reglamento. Nos saludaban rápido y riéndose en nuestra cara.
De la tribuna tiraban de todo, y desde la femenina empezaron a tirar los corpiños. ¡Que papelón hombre!
Nos reunimos, como siempre, para que el capitán, el uruguayo, dijera cómo íbamos a jugar, pero esta vez, fue distinto.
- “Muchachos, algo raro pasa, pero tratemos de concentrarnos en el juego”.-
No había caso, no se bajaban.
Perdimos por goleada, pero durante los noventa minutos de juego, estuvimos así.
Nunca habíamos perdido por tantos goles y nunca habíamos recibido tantos aplausos, de la local como de la visitante.

martes, 1 de junio de 2010

-Zulema- Dice la esposa emputecida (por Rodolfo Braceli)

Por Rodolfo Braceli

Mi marido hace años que saca pecho y a todo el mundo le cuenta que vio el gol de Capote de la Mata cuando eludió como a setenta jugadores, que vio el gol de Grillo a los ingleses desde un ángulo imposible, que vio en el Centenario el gol de Cárdenas desde fuera del área a los rubios escoceses del Celtic, que justamente vio el debut de Maradona en Boca, que... Es cierto: yo sé que el desgraciado no miente, no exagera, dice la pura verdad: mi marido vio todo eso y mucho más.

Ayer lo senté en esa silla, en ésa, la que quedó libre junto al ramo de gladiolos.

Y yo le dije: Escuchame.

Y él me dijo: Te estoy escuchando, gorda.

Y yo le dije: Gorda las pelotas. Tengo nombre.

Y él me dijo: Te estoy escuchando, Zulema.

Y yo le dije: Hijo de puta, viste todo lo que decís que viste, pero no viste nacer a ninguno de tus cinco hijos.

Y él me dijo: Bueh, había partido.

Y yo le dije: Grandísimo de hijo de puta.

Y él me dijo: ¿Qué culpa tengo yo de que todos los chicos nacieran justo justo justo en día domingo?

Y yo le dije: Hijo de puta, no tenés perdón de Dios.

Y él me dijo: Zulema, pura coincidencia. No ha sido mala voluntad.

Y yo le dije: Hijo... hijo... hijo de re mil putas.

Y él me dijo: Tenés razón, Zulema, pero cuidado: ¡con la vieja no, eh!

Y yo le dije: Tu vieja habrá sido una santa y que Dios la hospede en su santa gloria... Una santa habrá sido tu vieja, pero vos sos un reverendo hijo de puta.

Y él me dijo: Zulemita, amor mío, sé comprensiva. Calmate de una buena vez.

Y yo le dije: Te maldigo. No viste nacer a ninguno de nuestros cinco hijos. ¡Y vas a pagar muy caro por eso!

Y él me dijo: ¿Ah, sí? Y, a ver, ¿cómo?

Y yo le dije: Ninguno de tus cinco hijos servirá para el fútbol. Ninguno.

Y él me dijo: ¡Decime que eso es mentira! Decímelo, o me mato.

Y yo le dije: Es verdad. ¡Todos con pie plano! Ninguno de los cinco podrá ir muy lejos con el fútbol.

Y él crujió: Ayyyyggh...

Crujió como alcanzado por un relámpago y se llevó las manos al pecho. Y cayó redondo, el pelotudo. Todo fue tan rápido: grité, vinieron los vecinos y mis hijos y se hizo lo que se pudo; pero no hubo nada que hacerle.

Posdata

De los cinco hijos de esta señora sólo dos le vinieron, realmente, con pie plano. Pero no los afectó mayormente porque uno salió comerciante y el otro abogado. En cuanto a los otros: los tres practicaron fútbol: uno abandonó en la tercera de San Lorenzo, malogrado por una doble rotura de ligamentos; el otro jugó decorosamente hasta los 33 años en un club de Río Cuarto. El restante (por lo menos hasta octubre del año 2000) militaba en uno de los más poderosos clubes italianos y era frecuente titular de la Selección Argentina. La señora mamá de estos muchachos ha vivido rodeada de afecto y hasta podría decirse de una sosegada felicidad. En 1997, inesperadamente, se le dio por ingresar en un taller literario. Dos años después comenzó a escribir una novela, policial la novela, titulada El crimen perfecto.


Este texto pertenece al libro Perfume de gol. Fue extraído del suplemento Líbero del diario Página 12.
Link a la nota original: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/libero/11-4832-2009-11-14.html

martes, 18 de mayo de 2010

El gran bailarín (por Germán Franco)

Por Germán Franco

Entró al área como si fuera Julio Bocca dando refinados movimientos en su actuación despedida. Los defensores lo miraron con vergüenza ajena y después le quitaron la pelota con demasiada facilidad. El continuó bailando hasta terminar su paso, y es que eso había practicado justito minutos antes de entrar a la cancha frente al espejo que el mismo hizo colocar en el vestuario local. A centímetros de la línea del arco abrió sus brazos y saludó como un señorito ingles a la hinchada amiga. El arquero contrario lo miró desorientado y luego comenzaron a volar botellas, encendedores, zapatillas usadas y hasta un choripan.
Minutos después el técnico decidió cambiarlo por algún ignoto jugador del banco de suplentes y así terminó la carrera futbolística de Pedro Ismael Filipetti, exquisito media punta del Racing Club de Villa Regina.
“Fili”, como lo llamaba su abuela y todo el pueblo, comenzó su carrera de futbolista casi por error. Fue cuando tenía 7 años que su tío Roberto decidió llevarlo a una nueva academia de danzas clásicas que recién abría en el pueblo. Al tío Roberto le decían el “Travolta” reginense por esa gran película que habían dado en el cine Circulo Italiano hace ya muchos años, otros le decían “el puto ese”. En los pueblos hay oficios de hombres y oficios de mujeres. Eso no se negocia por más que seas un genio.
Sin querer el tío Roberto, gran bailarín de los escenarios locales, lo indujo al mundo de la danza para que pueda recorrer el mundo que él no pudo conocer: “con el baile vas a recorrer el mundo entero, verás miles de noche distintas, con otras lunas y otras lenguas, y lo mejor serán esos soles de la mañana cuando te levantes en una cama nueva y pongas Make Your Own Kind of Music". Pedrito lo miraba extrañado de cómo los pequeños agujeros de su nariz se agrandaban y se achicaban, hasta casi desaparecer, al ritmo de la respiración.
El tío Roberto de pequeño pretendió ser escritor pero la verdad que era bastante malo en el mundo de las letras. Su madre, “la que no era una santa” decían en el barrio, se encargó de criarlo sola cuando murió el padre de Roberto. Roberto no recordaba a su padre pero jamás pudo olvidar esa navidad cuando Papá Noel cayó por la chimenea reventando su cabeza contra el piso y manchando de sangre la cajita de soldaditos de plomo que eran para él. En la familia, por este desgraciado acontecimiento que desembocó en la muerte del Papá Noel en cuestión, no se volvió a festejar la noche buena.
Su madre, “la que no era una santa”, siempre creyó que Roberto era un niño especial. En realidad esto ocurre con todas las madres, pero en el caso de Magdalena (así se llamaba “la que no era una santa” madre de Roberto) era así. Ella había sido escritora en su juventud cuando vivía en Buenos Aires antes de conocer a Raúl Pistagnessi, un petrolero que la enamoró. De quien se convertiría en su esposa y luego en su viuda.
De grande, Magdalena se dedicó a su hijo y su casa, escapando algunas veces a la Biblioteca Popular del pueblo donde leía libros de escritoras anarquistas y tenía un apasionado romance con Julián, el bibliotecario.
Por mucho tiempo, luego de la muerte de Raúl Pistagnessi, en el pueblo se rumoreo que en realidad Roberto Pistagnessi era hijo de Julián. Las vecinas chusmas los habían visto varias veces caminando de la mano por el cementerio y además el pibe era idéntico al bibliotecario.
El sobrino de Roberto Pistagnessi, Pedro Ismael Filipetti, comenzó su carrera de futbolista porque aquella tarde cuando iban camino a la academia de danza su tío falleció de un ataque al corazón, dejando estacionado en su último suspiro el auto justo enfrente del club que quedaba en el camino. Pedrito lo miro extrañado porque sus agujeros de la nariz estaban cerrados y casi no se distinguían, pero como era un pibe distraído que se pasaba las tardes matando y comiéndose hormigas en el jardín, bajó del auto pensando que ya habían llegado. Tampoco entendía demasiado lo que su tío Roberto le había contado por lo que entró dispuesto a dejar todo por el baile. Y como al Racing Club de Regina le decían “La academia” pensó que estaba en el lugar correcto.
“Fili” fue un gran delantero hasta que a los 21 años se terminó de dar cuenta que se había equivocado. Siempre lo sospechó, luego de que su madre lo fuera a buscar esa noche al club y le informara que su tío estaba muerto. Porque si algo hay que decir de la madre de Pedrito es que siempre les dijo la verdad a sus hijos.
Una tarde de otoño, Pedrito vio en tele la revelación y comprendió lo que su difunto tío Roberto le quiso decir aquella tarde. Fue ese otoño cuando el final de la carrera futbolística empezó.
Primero fue el espejo, los compañeros lo miraron raro pero era el goleador del equipo y respetaban sus excentricidades de estrella. Lo segundo hizo dudar a propios y extraños: Filipetti decidió que de ahora en más jugaría con zapatos de baile aduciendo que la dureza del botín no le permitía doblar lo suficiente el pie. Está bien, pensó el técnico, mientras siga haciendo goles. Esa temporada el bailarín no desentonó, fue en la final del campeonato cuando se vio a un Pedrito muy desconectado. Por momentos se dedicaba a pedir la pelota y dar giros interminables que siempre terminaban en tremendos contragolpes del rival. Sino directamente se iba del juego y realizaba piruetas sobre la línea de cal simulando estar sobre una cuerda: “parece que el Pedrito está jugando de win”, comentaban los aficionados.
En el final del primer tiempo de aquel partido a Pedrito ya no le perdonaban sus actitudes. El bailarín había borrado totalmente al futbolista y en el segundo tiempo decidió salir en calzas para dar su mejor show pero ustedes ya saben que pasó.
Pasado el tiempo la muchedumbre comprendió que aquella tarde la actuación de Pedrito Ismael Filipetti, sobrino de Roberto Pistagnessi, había sido brillante pero la copa se la llevó el contrario y eso no se perdona en ninguna hinchada.


Germán por él mismo: tengo 32 años; en algún momento de mi vida estudie Comunicación Social y Letras, ambas las abandoné. Trabajo en periodismo desde hace mucho, siempre en producciones independientes tanto en radio como en gráfica. En la actualidad trabajo freelance y escribo, escribo bastante, con la idea de publicar en algún momento.
Nací en la Republica de Regina en el Alto Valle de Río Negro el 7/7/77.
Hace 2 años que vivo en Villa Crespo.
Si quieren leer más de su material, pueden visitar http://unanoveladelaputamadre.blogspot.com/ en donde publica una novela por capítulos junto con un amigo.

martes, 11 de mayo de 2010

El adversario (por Horacio Gómez)

Por Horacio Gómez

Se dio cuenta enseguida. El ruido que escuchó no dejaba lugar a dudas.
Había ido demasiado fuerte con los tapones de punta y el jugador contrario yacía de espaldas muy quieto y gritando de dolor, con doble fractura expuesta de tibia y peroné.
De nada sirvió que le dijera al árbitro que fue sin intención, que el campo de juego húmedo, que fue a la pelota y resbaló.
Terminó expulsado e insultado por la parcialidad visitante.
No sería fácil de olvidar ese domingo, las tribunas que explotaban de gente a pesar del calor abrumador, la necesidad que tenía su equipo de sumar puntos como local y él, el jugador más experimentado, lo dejaba con un hombre menos.
Y Benítez, el fracturado, un muchacho recién llegado del Chaco, con tantos sueños como urgencias económicas, que por su culpa estaría cerca de ocho meses sin poder jugar.
Debía hacer algo, ¿pero qué? El club le adeudaba a todo el plantel cinco meses, los premios y la mitad de la prima, estaba sin un peso, cero al as.
¿Pedir prestado? Imposible, ya debía cinco lucas y seguramente nadie querría prestarle al rudo y sucio marcador de punta que lesionó tan gravemente al pobre chico del interior.
Todo eso pensaba en el trayecto desde el césped hasta el vestuario local.
Al ingresar, lo notó frío y vacío, como él.
Comenzó a desvestirse lentamente y se dirigió al sector de duchas. Fue entonces que lo vio, algo a lo que nunca le había prestado atención en tantos años.
Un largo caño que venía desde el otro vestuario y sobresalía unos 20 cm. de la pared azulejada al finalizar en la última ducha.
No lo pensó; tomando carrera, se mandó un pique corto con toda la velocidad que sus piernas le permitieron y arqueándose en el aire, como si estuviera por hacer un gol de tijera en la final de un Mundial, incrustó su pierna derecha contra el caño con extrema violencia.
Despertó en el sanatorio, rodeado por dos médicos, algunos compañeros y el vicepresidente del club.
La pierna, enyesada hasta la rodilla, le dolía enormemente pero a pesar de eso se sentía bien, con un alivio difícil de explicar.
Giró la cabeza y pudo ver en la cama de al lado a Benítez. Parecía sonreírle.


Horacio Gómez nació en Capital Federal el 11 de noviembre de 1954. Reside en Mar de Ajó, Partido de La Costa, desde el año 1988. Fundador del Grupo EPOCA (Escritores y Poetas de la Costa Atlántica). Desde el año 2003 coordina los Talleres Literarios del Centro Cultural Municipal “Prof. Marcelino Villar” de Mar de Ajó. Tiene publicados dos libros, “Esquirlas del pasado” (poemas, 1997) y “Volveré en otoño” (poemas, 2009). Participó en varias antologías y páginas de poesía. Obtuvo premios en diferentes certámenes de cuento y poesía. Miembro de Poetas del Mundo y W.P.S (World Poets Society). Actualmente preside la Fundación de Poetas “René Villar” y es Director de Organización de ASOLAPO (Asociación Latinoamericana de Poetas) filial Argentina.

martes, 4 de mayo de 2010

Domingo de fútbol (por Ricardo Martínez Gálvez)

Por Ricardo Martínez Gálvez



Barrios que palpitan y se embanderan.
Corazones que laten más que nunca.
Ceremonia repetida, la camiseta, el trapo y
esa cábala en la que se vuelve a creer,
acaso por no tener otra.
Un sentimiento de fiesta recorre el país de norte a sur...
Hoy es domingo, hoy hay fútbol.


Desde "Gambeteando..." agradecemos cordialmente al autor por autorizarnos a publicar su obra.